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14 de febrero de 2017

SABOTEANDO A CUPIDO

A estas alturas ya he dejado bien claro que ¡¡detesto el maldito Día de los Enamorados!! ¡¡EN SERIO, QUE NO PUEDO CON TODA ESA ÑOÑERÍA ROMANTICONA INSUFRIBLEEEEEEEEEEEEEEE!!

Como mi prima Paula está al tanto de mi rechazo hacia la mencionada festividad, me sugirió la siguiente y brillante idea: ¡conseguir un arco similar al de Cupido y flechar yo misma a las personas románticas, emparejando a cada una con alguien incompatible a fin de acabar con sus nociones poco realistas acerca del amor! (¡Gracias, prima Paula!)

Ahora bien, ¿de dónde iba yo a sacar un conjunto de arco y flechas con el poder para inducir enamoramientos inapropiados? Digo, es que no era algo que pudiera comprar en Amazon o eBay.

—¡Cuernitooooo! —exclamé entonces—. ¡Ven aquí, mi precioso unicornio mágico, que tengo una tarea para tiiiii!

Cuernito apareció al instante, trotando agraciadamente como si fuera el equivalente en bestia mitológica de una bailarina de ballet. Lo seguían cuatro bebés panda, dos pangolines, siete patitos y toda una nube de mariposas.

Tres horas más tarde (o sea, después de acariciar a los pandas, sacarme selfies con los pangolines y alimentar a los patitos con palomitas de maíz), le dije:

—A ver, Cuernito bonito, ¿me harías el favor de convertir estas ramas en un arco y unas flechas que sirvan para enamorar inadecuadamente a las personas?

Y claro, como mi unicornio me adora y al mismo tiempo comparte mi vena traviesa, a los cinco segundos ya tenía entre mis manos los objetos que le había pedido.

—Mil gracias, Cuernito. Sigue jugando con tus mariposas y convirtiendo los terrenos baldíos en hermosas praderas llenas de flores y riachuelos cantarinos de agua mineral potable.

Ay, sí, lo sé, me pongo algo así como súper cursi cuando se trata de mi Cuernito, pero es que es un unicornio. UN UNICORNIO. Como puse en esta entrada, es la única clase de cursilería que no me molesta :-)

¿En qué estaba? Ah, sí, lo del arco y las flechas. Me colgué la aljaba a la espalda, tensé bien el arco y me puse en plan Katniss pero en contra del romanticismo ñoño en lugar del Capitolio. O sea, salí a la calle y empecé a flechar culos a diestra y siniestra, haciendo que cada víctima se enamorara de la persona menos compatible que anduviera por ahí.

La verdad, fue bastante divertido. Imagínense estas combinaciones: una vegana con un aficionado a la carne asada, un fanático religioso con una científica, un banquero codicioso con una activista de una ONG en contra del capitalismo, y una acumuladora compulsiva con un decorador de interiores minimalista. Hubo besos y cariñitos al principio... y luego la cosa se puso como en la película La guerra de los Roses. O sea, caos, destrucción y mutuos intentos de asesinato. Ñejejejeje. (No se preocupen, no dejé que muriera nadie.)

A Cupido no le hizo ninguna gracia todo esto. A la media hora vino volando hacia mí, agitando su regordete dedo índice y gritando palabrotas en griego (de acuerdo, no entiendo ni una pizca de griego, pero estoy un 99% segura de que eran palabrotas). Le saqué la lengua. Él me lanzó una flecha pero no dio en el blanco (cuando era adolescente se me daba muy bien lo de esquivar pelotas en el gimnasio, y no he perdido la habilidad). Yo le respondí de igual manera ¡y le acerté en pleno ombligo!

Emparejé a Cupido con mi vecina de la esquina, una vieja miserable que odia las plantas, los gatitos y cualquier otra cosa que no sirva a sus intereses egoístas. Creo que tiene algún tipo trastorno psiquiátrico, además.

La relación terminó muy mal, por supuesto: Cupido le tiró bombones a la cara y ella le arrancó las plumas de las alas. Cupido huyó revoloteando a medias, como una gallina, y yo aproveché para clavarle otra de mis flechas.

Hice que se enamorara de un cactus. Después hice que se enamorara de una aplanadora, un enjambre de avispas, una fragata portuguesa (hablo de la medusa, no de la embarcación), un horno de pizzas y un jabalí macho muy territorial.


Ninguno de estos romances acabó con Cupido, claro (por lo de la deidad inmortal y todo eso), pero yo me partí de la risa y acabé disfrutando bastante del dichoso Día de los Enamorados :-)

Listo. Siguiente misión: encontrar al Conejo de Pascua y amenazarlo al estilo mafioso para que me consiga un camión entero de huevos de Pascua de chocolate. (Ñejejejeje otra vez.)

G. E.

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