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31 de octubre de 2016

NOCHE DE BRUJAS... ¡EN MORDOR!

¡Primer Halloween con mi unicornio Cuernito! (además de mi dragón Donald, obviamente, quien siempre se entusiasma con estas festividades alocadas). Este año la elección de los disfraces fue todo un reto, porque mis dos adoradas criaturas insistieron en que combináramos de alguna manera, y no resulta fácil combinar disfraces cuando dos partes del trío son criaturas mitológicas que quieren hacerse pasar por cualquier otra cosa. Encima, los tres somos bastante frikis. ¿Qué hacer, entonces?

Pasamos tres horas considerando opciones mientras horneábamos galletitas con forma de monstruos. (Yo batía la masa, Cuernito daba forma a las galletas usando su magia, y Donald las horneaba con sus llamas. Rápido y fácil, como en una cadena de montaje.) En los altavoces sonaba la música de Nox Arcana, que es de lo más apropiado para esta festividad.

Al final decidimos ponernos en plan Tolkien: yo me disfracé de hobbit, Donald de Gandalf y Cuernito de Smaug :-D Hasta ahí todo muy normal. (Es decir, para los estándares de este blog tan lleno de disparates.)

Salí entonces al jardín a buscar otro limón para las galletas, y un anciano muy alto, con barba, sombrero y túnica grises, se acercó a mí fumando su pipa.

—¡Por fin, un hobbit! ¡Comenzaba a pensar que no encontraría ninguno a tiempo para llevar a cabo la misión!

—¿Misión? ¿Cuál misión? —dije yo, sacudiendo el humo de mi cara (argh, cuánto me chinchan los fumadores)—. ¿Y usted quién es, por cierto?

—¡Soy Gandalf el Gris, un mago muy poderoso!

—Bue. Otro más. A mi Donaldito no le va a gustar que alguien haya copiado su disfraz.

—No sé de qué hablas, pequeña hobbit. Escucha: traigo conmigo el Anillo Único y necesito que alguien lo lleve a Mordor ¡para destruirlo en las llamas del Monte del Destino y salvar a la Tierra Media de una catástrofe irreparable!

—Eh... pues aquí estamos lejos de cualquier monte, señor. En mi ciudad apenas si tenemos un cerro, y en su cima hay un faro, no llamas. Me da que se ha confundido de país. Hasta luego. —Me di la vuelta pensando si debería llamar a algún hospital psiquiátrico o similar. Lo sé, tengo un dragón y un unicornio, pero mi primera impresión fue que aquel hombre era simplemente un viejete chiflado como mi antiguo vecino de al lado, no un Gandalf 100% auténtico.

Resultó ser un Gandalf 100% auténtico. De pronto su vara resplandeció con una luz enceguecedora que me hizo detenerme en seco al tiempo que él exclamaba:

—¡Pequeña hobbit impertinente! ¡Soy un sirviente del Fuego Secreto, portador de la llama de Anor! ¡Date la vuelta y presta atención a mis palabras! Eh... ¿qué es eso que huele tan bien?

—Galletas de limón, señor Gandalf —dije yo con un hilo de voz—. Le daré algunas si promete no fulminarme. ¿Y podría hacer el favor de no fumar en mi casa? Digo, si no es mucha molestia, porque el humo me hace toser.

—Vaya, una hobbit a la que no le gusta fumar. Qué raro. —Gandalf apagó su pipa de todas maneras y entró a mi casa. Fuimos hasta el fondo, donde estaban Donald y Cuernito trabajando sobre nuestro horno improvisado. Gandalf se detuvo y puso los ojos como platos al ver a mi dragón—. ¡Smaug! ¡Pero si a ti ya te habían liquidado! No, espera, veo que eres azul, no rojo. ¿Un pariente de Smaug? ¿Muy bien vestido, por cierto? ¿Y tú qué eres? —añadió Gandalf, dirigiéndose a Cuernito.

—Él es mi unicornio Cuernito, disfrazado de Smaug —dije yo—. Y él es mi dragón Donald, disfrazado de... usted, señor Gandalf.

—Interesante. Ciertamente eres una hobbit muy particular, y bastante alta para tu especie. ¿Has bebido del manantial de los ents?

—No, pero ya quisiera. —Quizás sea alta para el estándar de los hobbits o los pigmeos, pero con mi metro cincuenta de estatura soy un poquito baja para el estándar humano. O al menos para el estándar de las tallas de ropa, que me obliga a cortar diez centímetros de todos mis pantalones.

En fin, mi Donaldito le extendió a Gandalf una bandeja de galletas ya horneadas. El mago empezó a comer poniendo cara de deleite. (No es por presumir, pero mis galletitas de limón quedan deliciosas.)

—Qué dragón tan amable —dijo Gandalf—. Tú también eres bastante raro para tu especie.

Mi Donaldito se encogió de hombros porque no conoce a ningún otro ejemplar de su especie, de modo que no tiene idea de si es raro o no por comparación. (Los dragones de la serie Juego de tronos no cuentan, aunque nos encanten.)

Ya medio resignada a tener que cumplir con la misión de Gandalf (onda Bilbo Bolsón cuando le cayeron los trece enanos en su confortable agujero hobbit), pregunté:

—Bueno, a ver, ¿cómo es esa cuestión del anillo que tengo que tirar dónde? Y puestos en ello, ¿no habían cumplido ya Frodo y su pandilla con esa tarea?

Gandalf pareció algo avergonzado. Respondió:

—Eh... bien... resulta que el Anillo Único no era tan único como creíamos. O sea, había dos. Pero ahora sólo queda uno, así que éste sí es el Anillo Único. Y hay que destruirlo antes de que Sauron lo recupere.

—No me diga: tampoco había un solo ojo de Sauron, ¿verdad?

—Eh... no. Pero ahora sí queda uno solo.

Gandalf sonrió. Yo resoplé.

—Bueno, 'tá bien, voy —dije—. Pero siempre y cuando pueda llevar a Donald y a Cuernito, que son como mi Sam y mi Aragorn.

—Es aceptable.

—Bien, supongo que si vamos volando podremos regresar a tiempo para...

—No, no. Nada de volar —dijo Gandalf—. Tiene que ser un viaje a pie, superando numerosas dificultades y peligros, enfrentando miedos e incertidumbres y...

—¿Qué? ¿Sin volar? ¡Pero si mi dragón es súper rápido y resis...!

—Es que lo importante es el trayecto, no el destino. O sea, pisar el camino sin saber a dónde nos va a conducir.

—¿No se supone que tenemos que ir al Monte del Destino?

—Sí, pero la valía del viajero ha de ser puesta a prueba por...

—Sigo sin escuchar una razón contundente para no ir volando en un pis pas.

—Pues... pues... ¡porque yo lo digo, y se acabó! —Gandalf hizo resplandecer su vara una vez más. Hice un gesto de paz, aunque al mismo tiempo Donald y yo nos miramos como diciendo "está chiflado, así que vamos a seguirle la corriente hasta que se vaya".

—'Tá bien, 'tá bien, lo que usté diga —respondí—. A pie, aunque tenga un dragón perfectamente capaz de volar a novecientos kilómetros por hora. Sí, ir a pie hasta el Monte del Destino suena súper sensato. Así viajaremos. —Gandalf no captó el sarcasmo, sino que se mostró satisfecho de que hubiéramos decidido obedecer sus ridículas indicaciones—. ¿Puedo al menos llevar un buen GPS a fin de orientarme en Mordor? Me da la impresión de que no hay buenas señalizaciones ahí.

—Aún no tenemos satélites en la Tierra Media, pero el Monte del Destino se ve bien a lo lejos. O sea, está en el horizonte, cerca del ojo de Sauron. Echa humo, fuego, relámpagos y nubes piroclásticas, no hay manera de perderse.

—Suena muy acogedor, como un paraíso turístico. —De nuevo, Gandalf no captó mi sarcasmo. Quizás el tabaco no fuera tabaco y hubiera afectado un poquitín su cerebro de mago.

—Aquí tienes el anillo —dijo Gandalf, pasándome una cajita de plomo marcada con ese simbolito que significa "peligro de radiación"—. Puedes tirar el anillo a la lava con caja y todo, y así evitarás que corrompa tu mente, por más que seas una inocente hobbit. —Estuve a punto de partirme de la risa al escuchar la palabra "inocente". La mente de un escritor de horror es justamente lo opuesto a eso.

Gandalf guardó en su bolsa la mitad de las galletas que habíamos horneado (sin pedir permiso, pero no me atreví a discutírselo debido a la vara mágica con potencial fulminante).

—Bien, ya me voy, pequeña hobbit. Te deseo suerte en tu empresa. Permíteme ahora teletransportarte a Mordor junto con tu dragón bien vestido y tu unicornio tan lindamente disfrazado de Smaug.

—¿Qué? ¿Teletransportarme? ¿Como en Star Trek? Un momento, ¿¿AHORA MISMO? ¡Pero tenemos que terminar de hornear...!

No pude acabar la frase. Gandalf hizo resplandecer su vara por tercera vez, y de pronto Donald, Cuernito y yo estábamos en algún lugar de Gondor, sobre un terreno pedregoso salpicado de arbustos. A lo lejos, en Mordor, se veía el dichoso Monte del Destino. Teníamos por delante kilómetros y kilómetros (o millas y millas, porque en la Tierra Media no usan kilómetros) de terreno aún más hostil.

—¡Oh, carajo! —exclamé—. ¡Ese cretino de Gandalf no me dio tiempo a calzarme mejor!

Es que mis "pies de hobbit" eran, básicamente, unos calcetines de color piel a los que les había cosido mucha lana marrón. ¿Cómo iba a caminar por Mordor con ESO?

Ah, no, espérense. ¿Caminar? ¿Por qué razón me iba a tomar la molestia de CAMINAR? ¡Ja! Tal como había planeado en secreto, le hice un gesto a mi Donaldito para que nos dejara subir a su lomo a Cuernito y a mí, y al diablo la orden de Gandalf. Caminar es bueno para la salud, pero ciertamente no por Mordor. Ya sabemos cómo le fue al pobrecito de Frodo.

Ya sobre mi dragón, y de camino a Mordor, me dio por abrir la cajita de plomo. La verdad, el anillo me pareció muy bonito, tan lustroso y con su elegante inscripción en caracteres élficos. Al mismo tiempo me puse a pensar en métodos para asesinar y torturar a diversos políticos y terroristas, pero la verdad es que esas cosas me vienen a la mente todos los malditos días, de modo que no lo consideré un efecto del Anillo Único :-D Cerré la cajita.

Al cabo de un rato vimos unas elevaciones de aspecto siniestro, y de pronto se me ocurrió algo.

—¿Sabes qué, Donaldito? Déjanos por aquí. Quiero entrar con Cuernito a esas montañas a fin de comprobar algo.

Donald nos dejó en un saliente rocoso. Cuernito y yo entramos entonces a un pasaje todo cubierto de telarañas, y no tardamos en encontrarnos con una enorme, enorme, enorme arañota muy peluda y con tremendos quelíceros.

—¡Uau, qué belleza! —exclamé. No me miren así, ya había escrito en alguna ocasión que me encantan las arañas.

La araña tenía hambre, sin embargo, y trató de comernos a Cuernito y a mí. Pero para algo había llevado yo a mi unicornio; con un pase de su cuerno mágico, Cuernito hizo que algunas polillas crecieran al tamaño de vacas, y entonces la araña gigante hizo unos ruiditos de felicidad y se abalanzó sobre ellas para comer.

En serio, ¿quién puede culpar a una pobre araña de devorar orcos y humanos y de casi comerse a Frodo? O sea, ¡la pobre no tenía más opciones culinarias!

Cuernito hizo crecer unas flores mágicas dentro de la cueva. Cualquier polilla que se alimente de ellas crecerá lo suficiente como para alimentar en el futuro a la araña gigante. Ah, y como Tolkien no le dio un nombre muy atractivo a esta última, decidimos rebautizarla como Juanita :-)

Regresamos con Donald y seguimos volando hacia el Monte del Destino. Nos topamos entonces con cuatro nazgûl, pero mi dragón no se anda con chiquitas a la hora de arrojar fuego, de modo que los mantuvo a raya con bastante facilidad. Sin embargo, en medio de la pelea hizo un movimiento brusco, y Cuernito y yo caímos de su lomo. Estábamos a dos mil metros de altura, lo suficiente como para que nos convirtiéramos en sendos panqueques al tocar tierra, pero Cuernito usó su magia de nuevo y aterrizamos en un enorme montón de algodón perfumado. O sea, un montón de algodón perfumado tan alto como un edificio. Válgame, nunca había visto tanto algodón. Tardamos un buen rato en salir de ahí y quitarnos las hebras de las orejas... y para ese entonces ya estábamos rodeados de orcos. Donald seguía peleando en las alturas con el último nazgûl (los otros tres estaban cayendo a tierra en forma de ceniza ardiente; como dije, mi dragón no se anda con chiquitas a la hora de arrojar fuego).

—Eh... hola. ¡Feliz Halloween! —dije a los orcos, quienes me respondieron con gruñidos de todo tipo al tiempo que esgrimían sus espadas. Había unos cuantos uruk-hais entre ellos, también de aspecto malhumorado. Un orco solitario, quizás menos belicoso que el resto, se puso a examinar la montaña de algodón. Metió un puñado en su boca y luego lo escupió (es que era algodón normal, no algodón de azúcar; aunque dudo de que los orcos hayan probado este último alguna vez).

El círculo de orcos se estaba estrechando. Mi Donaldito seguía ocupado allá en lo alto.

—Eh... Cuernito, más vale que hagas algo o terminaremos como cena de orcos. ¿Alguna idea?

¡Pues claro que mi Cuernito tenía una idea! ¡Es un unicornio mágico súper fenomenal! Él apoyó su cuerno en la tierra, y entonces crecieron montones de plantas de calabazas (las frutas tenían un diseño de caras macabras, para estar a tono con la fecha). También crecieron zanahorias, lechugas, guisantes verdes, manzanos y así por el estilo.

Arranqué una manzana y empecé a comerla con cara de "uh, qué bueno está esto, mejor que comerme a mí, chicos". Los orcos no parecieron muy convencidos. Para ese entonces, sin embargo, Donald había acabado con el último nazgûl, por lo que bajó de inmediato a defendernos. Pensé que rostizaría a los orcos; en cambio, empezó a gruñirles en tono cordial. Debía de estarles diciendo algo muy interesante en su idioma, porque los orcos se miraron entre ellos, asintiendo, y por último envainaron sus espadas.

—¿Qué les has dicho? —le pregunté a mi dragón, y él me respondió, en el lenguaje de señas que usa siempre conmigo: "Les he preguntado cuánto les paga Sauron al mes, y si tienen derechos sindicales y salario vacacional."

Eso arregló todito. Primero los orcos eran nuestros enemigos, y de pronto nos estaban preguntando cómo organizar una buena huelga. Al parecer la lista de derechos laborales incumplidos era bastante larga. De paso le indiqué a mi Donaldito que les explicara las ventajas de pasarse a una dieta vegetariana, o por lo menos con dos tercios de verduras. Vamos, ¿han visto a un orco? ¿Y conocen los trastornos que causa una dieta de pura carne? En serio, ¿cómo no iban a estar los orcos malhumorados todo el tiempo, entre el estreñimiento, el aliento apestoso y posiblemente (a juzgar por el estado de sus respectivas dentaduras) el escorbuto incipiente? Al final logramos convencerlos de probar las frutas y de cocinarse feijoadas más a menudo, al menos para empezar.

Caí en cuenta entonces de que ¡aún era Halloween!

—Eh, chicos —dije yo a los orcos por medio de mi dragón—, ¿qué les parece si seguimos discutiendo esto mientras celebramos? ¡Mi Cuernito convertirá piedras en caramelos y bombones!

Los orcos vitorearon, y terminamos organizando una tremenda fiestota al estilo Mordor en un claro todavía pedregoso. Pusimos música de Saruman Christopher Lee, y tanto los orcos como los uruk-hais me sorprendieron con sus pasos de hip hop. La araña Juanita se unió a la fiesta por un rato, ahora que ya no estaba medio muerta de hambre.

Ojo de Sauron: No recuerdo haber autorizado una fiesta.
Todos los demás: ¡Yujuuuuu! ¡Fiestaaaaa!

El ojo de Sauron no tenía cejas, pero ciertamente daba la impresión de que estaba frunciendo el ceño en un gesto de desaprobación :-D

En fin, Donald y yo aprovechamos la distracción de la fiesta para destruir el Anillo Único, de modo que el ojo de Sauron no tardó en venirse abajo. De acuerdo, ahora los orcos no tendrán a quién hacerle la huelga, pero toda la cuestión sindical les resultará muy útil en su próximo empleo, sea cual sea. Pero no queríamos que se integraran a otro ejército, de modo que Cuernito hizo crecer por ahí unas cuantas plantitas de marihuana y enseñamos a los orcos a fumarla. Eso les quitará las ganas de pelear, y de paso les aliviará los síntomas del glaucoma, en caso de que lleguen a padecer dicho trastorno.

Finalizada nuestra noble misión, emprendimos el camino de regreso. Hicimos, sin embargo, un último desvío hacia Caradhras porque mi Donaldito quería ver un balrog. Lo encontramos. Al principio trató de matarnos igual que los orcos, pero luego mi dragón hizo amistad con él y se arrojaron bolas de nieve por un buen rato en una pelea amistosa (que causó unas cuantas avalanchas, pero bueno, no había nadie en los alrededores de todas maneras).

Una vez en el punto donde habíamos aparecido, la magia residual del teletransporte nos devolvió a casa. Terminamos de hornear las galletas, las repartimos entre los niños del vecindario y continuamos con nuestra celebración del Halloween.

Espero que Gandalf se atragante con las galletas que nos afanó. Y espero que los orcos y el balrog nos manden algunas tarjetas en Navidad, o camisetas hechas con el montón de algodón perfumado que dejamos en Mordor :-)

¡Feliz Halloween!

G. E.

PD: Bailar en calcetines por el duro suelo de Mordor me dejó unas cuantas ampollas. La próxima vez llevaré botas de excursionista.

20 de octubre de 2016

FORMAS EN LAS QUE PREFERIRÍA MORIR

Siempre he pensado que morir por los típicos achaques de la vejez no es muy digno que digamos. ¿Falla cardíaca? ¿Insuficiencia renal? ¿Cáncer? Blegh. Sin embargo, considerando que mis abuelos fueron longevos y que yo cuido mucho mi salud, es posible que llegue a superar la expectativa promedio de vida para una mujer en un país desarrollado.

¿Qué hacer, entonces? ¿Sobrellevar una vejez de, posiblemente, cuarenta años de duración? ¿O buscar la manera de abandonar este mundo en la forma más espectacular posible antes de que dicha vejez acabe conmigo?

Creo que prefiero lo segundo, de modo que aquí les va mi lista de...

FORMAS EN LAS QUE PREFERIRÍA MORIR

Indigestión aguda y letal por consumo excesivo de chocolate.

Por un ataque de risa durante un maratón de cortometrajes con minions.

Por un feliz paroxismo auditivo causado por escuchar metal sinfónico o música instrumental épica a todo volumen.

Que me cayera encima una secuoya muy, muy antigua durante un viaje de retiro a California.

Que me cayera un piano encima al estilo de las caricaturas (habría mucha más sangre y tripas desparramadas, sin embargo, pero está bien porque no me tocaría limpiar el desastre).

Haciendo algo verdaderamente estúpido (a fin de ganar un premio Darwin).

Haciendo algo muy heroico para salvar a gente que merezca ser salvada.

Que me dispararan a la cabeza durante una carrera nudista a través de Afganistán (así me convertiría en una mártir por los derechos de las mujeres en ese país; además, sería chistoso que la gente me viera en mis últimos momentos como una viejecita desnuda, feminista, liberal y un tanto descocada).

En una explosión de nave espacial de camino a colonizar Marte. (No soy una gran fanática de la colonización de Marte, pero me mudaría allí si sólo dejaran entrar a las personas buenas y sensatas. Claro que, en realidad, lo más sensato sería enviar a Marte a las personas estúpidas y dañinas.)

Lanzándome en un auto por el Gran Cañón (al estilo Thelma y Louise) tras haber cometido un montón de barbaridades divertidas.

Intoxicada por una fruta exótica súper deliciosa que a su vez fuera inesperadamente venenosa.

Asesinada por fanático tras haber escrito un libro que cambiara a la humanidad para bien (onda John Lennon).

Sepultada por una avalancha tras haber pasado una tarde feliz aprendiendo a esquiar.

Por un traumatismo de cráneo causado por un libro pesado durante una feroz discusión académica literaria.

Caer al fondo de un precipicio por estar muy distraída mirando pájaros.

Decapitada con mi propia motosierra por estar haciendo una escultura de Henry Cavill, en hielo o madera, durante un día torpe.

Por una explosión en mi laboratorio después de haberme convertido en una genial científica geriátrica y loca.

Desintegrada por haberme metido equivocadamente (o sea, buscando el baño) en un colisionador de partículas.

Como bomba humana en una convención de terroristas (¡pa' que tengan!).

Electrocutada por un rayo durante un baile a la intemperie bajo una tormenta eléctrica.

Electrocutada por un rayo en la Torre Eiffel (después de haber recorrido todo París, claro).

Congelada repentinamente por una catástrofe ambiental de proporciones apocalípticas.

Petrificada al instante por una nube volcánica como pasó en Pompeya.

Por un meteorito que extinguiera a toda la especie humana (y dejara a los animales para que siguieran disfrutando de nuestro planeta sin más amenazas que la típica cadena alimenticia).

Provocando a tiburones blancos para que me devoraran (y de paso estaría alimentando generosamente a una especie en peligro de extinción).

Yo: ¡Tu mamá es un pececito de acuario sin dientes, ñañañañaña!
Tiburón: Disponte a morir, viejecita recalcitrante.

Devorada por un grupo de tigres dientes de sable que hubieran escapado de la extinción refugiándose en una selva remota. (O devorada por tigres de verdad que hubieran escapado de esos malditos chinos que utilizan sus testículos para hacer supuestos afrodisíacos.)

Devorada por un dinosaurio durante la exploración de una isla perdida.

Convertida en estatua de cera para un museo siniestro (como en la película House of Wax pero con mejor guion).

De un susto por causa una película de horror muy, muy buena.

De un susto durante la visita a una mansión antigua u hospital psiquiátrico abandonados y con fama de estar habitados por fantasmas horrorosos.

Asesinada por una momia durante una visita turística o una exploración arqueológica a una pirámide.

Desintegrada en un teletransporte fallido.

Desintegrada por marcianos al ataque.

Pisoteada por Godzilla.

Borrada de la existencia por una paradoja temporal.

Petrificada por el Motociclista Fantasma después de haber torturado y masacrado a algunos políticos tarúpidos de mi país (aunque es muy posible que el Motociclista Fantasma me perdonara por eso).

Exterminada por un Terminator del año 2050 por haberme convertido en el futuro en una amenaza a nivel global.

Asesinada por adorables gatitos poseídos por demonios caníbales.

Asesinada por gaviotas con aspiraciones vengativas y de dominación mundial (onda peli de Hitchcock).

Hechizada y ahogada por un guapo hombre con cola de pez que cantara como Andrea Bocelli.

Fulminada por haber hecho trato con el Diablo para que alguno de mis libros consiguiera fama mundial.

Peleando en un Jaeger para defender al mundo de los kaiju.

Triturada por un ventilador de techo usado como arma por un fenómeno poltergeist.

Devorada por un crocosaurio, un pterosaurio-barracuda o cualquier otro monstruo raro de las películas del canal Space.

En una espectacular batalla virtual para liberar a la humanidad de la Matrix. (Me vestiría como Trinity y usaría una elegante katana además de las armas de fuego.)

En alguna aventura loca en el Mundodisco, para que me llevara la Muerte creada por Terry Pratchett.

Combatiendo Caminantes Blancos a lomos de mi dragón Donald.

En un ataque kamikaze a extraterrestres invasores como en la película Día de la Independencia.

En una guerra contra Drácula y sus novias vampiro.

En una súper orgía seguida por suicidio colectivo antes de la destrucción de la Tierra por algún dios griego enfadado.

Devorada en Halloween por calabazas mutantes enormes y carnívoras.

Como guerrera peleando junto a Conan contra alguna horda o monstruo fantástico. (Vale, sería una guerrera muy vieja, pero bueno, hay antecedentes de gloriosos guerreros geriátricos en el Mundodisco.)

Derretida por un chubasco inesperado tras haberme convertido en una bruja mala de Oz.

Devorada por una araña gigante tras haberme enlistado en un ejército de Starship Troopers. (De nuevo, sería una soldado vieja, pero para algo están los exoesqueletos, como en la película Al filo del mañana. La cual me encanta, por cierto, dado que asesinan repetidamente a Tom Cruise.)

Congelada dentro de una pintura por un pintor hechicero malévolo.

Dormida para siempre por el hechizo de una bruja celosa de mi belleza talento para el dibujo.

Por un traumatismo de cráneo causado por una botella durante una pelea en un saloon en el parque Westworld.

Si se les ocurre alguna otra manera divertida y/o espectacular de abandonar la existencia, siéntanse libres de mencionarla en los comentarios :-)

G. E.

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14 de octubre de 2016

AMO MI CUERPO

Los fabricantes de productos de belleza quieren que odie mi cuerpo. Quieren que odie mi pelo, mi cara, mi cutis, mi peso, mi forma. Quieren hacerme creer que tengo imperfecciones grandes y pequeñas, y que una vez que compre sus productos para arreglarlas o disimularlas, seré exitosa y feliz.

Personas que NO venden productos también han tratado de convencerme de que mi cuerpo no está bien. "Eres demasiado bajita." "Deberías cortarte el pelo." "Deberías plancharte el pelo." "Estás gorda." "Estás muy delgada." "Te verías mejor si te maquillaras y usaras otra ropa." "Tienes granitos en la cara." "No tienes tetas."

Pero ¿saben qué? NO LES ESTOY DANDO BOLA. Yo amo mi cuerpo. AMO MI CUERPO. Y voy a explicar aquí por qué lo amo, dado que lo que se pone en Internet queda aquí para siempre, y quizás ayude a otra gente a darse cuenta de que también tienen razones para amar sus respectivos cuerpos, más allá de lo que digan las propagandas y las personas tarúpidas :-)

Amo mi estatura. Sí, mido 1,50 m y no alcanzo los estantes altos en el supermercado, pero ¿qué más da? No me interesa ser modelo. No me gusta el baloncesto. En cambio, ¡las estadísticas dicen que las personas bajitas tenemos una mayor expectativa de vida! Y sí, me agobia estar en medio de una multitud de gente más alta que yo, pero al mismo tiempo puedo colarme y ponerme delante argumentando que no voy a bloquear el campo visual de nadie :-D

Amo mi peso (50 kg). Está dentro del rango normal para mi estatura, así que me siento cómoda y ligera, pero sin prescindir de esos colchoncitos de grasa en los lugares que corresponde.

Amo mis proporciones. No tengo piernas largas, pero tampoco tengo piernas demasiado cortas, por lo que a menudo la gente no percibe que soy bajita hasta que menciono mi estatura. ¿Y para qué necesito piernas súper largas? ¡Puedo compensar la diferencia caminando más rápido! Además, la franja de 10 cm que recorto de mis pantalones sirve para hacer remiendos.

Amo mi cabellera, aunque se encrespe con la humedad. Está brillante y sana, y me la envidian las niñitas cuando salgo a pasear. ¡Y mi puedo usar mi larga trenza como juguete para gatitos!

Amo mi cara. No porque sea una belleza (no lo es), sino porque es NORMAL. La gente subestima la normalidad. ¿Saben quiénes NO subestiman la normalidad? Las personas con trastornos congénitos, enfermedades desfigurantes o cicatrices. Ellas darían cualquier cosa no para ser hermosas, sino para salir a la calle sin tener que preocuparse de que las miren como bichos raros.

Amo mis ojos. No necesitan gafas, perciben todos los colores, ven bien en la oscuridad. Me permiten apreciar todas las cosas bonitas que hay en el mundo.

Amo mi cavidad nasal. Sí, esto suena raro, pero ¿se imaginan vivir sin olfato? ¡La comida perdería la mitad del sabor! ¡No podríamos oler las flores! ¿Saben que el olfato es también muy efectivo para detectar alimentos en mal estado? (por no hablar de la caca de perro que uno pisa accidentalmente en la vía pública; nada como el aviso del olfato para así limpiar los zapatos antes de entrar a cualquier sitio cerrado).

Amo mis labios. Con ellos puedo sonreír, besar y sentir la suavidad de las telas y los gatitos.

Amo mis palilas gustativas. ¡Me permiten saborear el chocolateeeeee! Y también amo mis dientes, a pesar de los dos tratamientos de ortodoncia por los que tuve que pasar. Están sanos, y con ellos puedo masticar mis alimentos. ¡Las palomitas de maíz, por ejemplo! Mmmm, qué delicia crujiente :-)

Amo mis orejas. Salieron tan bien que no llaman la atención :-D Sirven para ponerme pendientes y evitar que el pelo me caiga sobre la cara.

Amo mis oídos. ¡No podría escuchar música sin ellos! ¡Y yo no podría vivir sin música!

Amo mi voz. No la considero hermosa pero al menos sé que no es chillona, y puedo usarla para cantar y ponerme de buen humor, por no hablar de comunicarme.

Amo mis piernas y mis brazos completamente funcionales. Mis piernas me han llevado siempre de un lado a otro sin problemas, y la de horas felices que pasé patinando gracias a ellas.

Amo mis manos. Son pequeñas pero hábiles, y con ellas puedo escribir en mi teclado y hacer los dibujitos para este blog, entre tantas otras cosas :-D

Amo mis senos pequeños. ¡Son súper cómodos! De paso, los hombres no se distraen con ellos y por lo tanto me miran a la CARA :-D

Amo mi corazón. ESTÁ SANO. Mantiene mi cuerpo vivo sin esfuerzo, y no se cansa cuando tengo que correr para alcanzar el autobús.

Amo mi piel, aun a pesar de los ocasionales brotes de acné y los vellos molestos. De nuevo, la simple normalidad está subestimada. ¿Han oído hablar del hombre árbol? ¿O de una enfermedad genética que hace que la piel crezca incontrolablemente? ¿O incluso del albinismo? Mi piel cumple su función de barrera, sana rápido, tiene una alta tolerancia al dolor y me permite sentir el aire fresco, el calor del sol y la textura de las cosas. ¡Todo eso es maravilloso!

¡Amo mi sistema inmunitario! La última vez que pillé una gripe fue en 2007. No he pasado un solo día en cama por una enfermedad infecciosa desde entonces.

Amo mis órganos. Funcionan tan bien que ni siquiera me acuerdo de que tengo hígado y páncreas, y mis tripas casi nunca me molestan. No bromeo con lo de las tripas. Pregúntenle a alguien con la enfemedad de Crohn o colitis inflamatoria :-P ¡Yo no sufro nada de eso, yupiiii! Encima, parece que también tengo razones para amar a los microbios de mis tripas (que no son parte de mi cuerpo, pero sí unos inquilinos muy educados).

Amo mis pies. Son pequeñitos pero fuertes, y no se quejan aunque los use para caminar siete kilómetros sin parar a buena velocidad.

Y amo mi cerebro. Amo que funcione bien, que me sirva para leer, escribir, pensar, recordar, crear arte y soñar cosas raras y divertidas. La gente da el cerebro por sentado, como si el exterior fuera más importante, pero un sistema nervioso sano es INVALUABLE. Sin enfermedades de Alzheimer o Parkinson, sin esclerosis lateral amiotrófica, sin parálisis cerebral, sin epilepsia, sin desequilibrios químicos de los que causan depresión o psicopatías.

Por eso digo una vez más: AMO MI CUERPO. Y pobre del que intente convencerme de lo contrario.


G. E.

PD: Uh, qué bien me siento después de haber escrito esto. Animo a todo el mundo a hacer lo mismo :-) Y si lo escriben en algún blog, avísenme para que pueda compartir esas entradas. ¡Así contrarrestaremos entre todos las propagandas desmoralizantes!

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8 de octubre de 2016

OKTOBERFEST 2016... ¡CON MI UNICORNIO!

Ha sido fabuloso, todos estos años, celebrar la Oktoberfest con mi dragón Donald. ¡Pero este año pude sumar a mi unicornio Cuernito a la fiesta! ¡Imagínense! Oh, bueno, está difícil imaginar qué haría un unicornio en una Oktoberfest, así que tendré que explicarlo :-D

Estábamos pensando cómo rayos celebrar la Oktoberfest este año. ¿En un crucero? ¿En Oz? ¿En Narnia? (En Westeros no, todavía no hay un clima muy festivo ahí que digamos.)

Mientras tanto, Cuernito empezó a dar saltitos a lo loco como si tratara de decirnos algo. Al principio no nos dimos cuenta porque, como ya he dicho, mi unicornio es camaleónico, y en ese momento tenía exactamente el mismo color que la pared, de modo que apenas si lo veíamos. Finalmente le presté atención y pregunté:

—¿Qué pasa, adorable unicornio mío? —En general le hablo de esta manera porque es tan supertierno como un gatito en esos documentales de Animal Planet. Dan ganas de achucharlo todo el tiempo.

Mi cuernito se dirigió al baño, abrió el grifo del lavabo, tocó el agua con su cuerno... ¡y de pronto el agua se convirtió en cerveza! (El lavabo se llenó de espuma que desbordó al suelo, obligándome a pasar un trapo, pero eso no es importante ahora.)

Entonces pensé: "¡Qué habilidad más oportuna!" No tenía ganas de llenar mi casa de cerveza, y además, considerando que sería algo así como un desperdicio convertir agua perfectamente potable en una bebida alcohólica, se me ocurrió que debíamos ir a otra parte. O sea, al Arroyo Pantanoso, uno de los dos cursos de agua más contaminados en mi ciudad. Y me refiero a históricamente contaminado, porque a pesar de las promesas del municipio de limpiarlo (hasta el punto de que volverían a él los cisnes de cuello negro, fue lo que dijo el intendente), el pobre arroyo sigue tan contaminado como siempre. Sí, una pena.

Llegamos al arroyo. El agua tenía un color verdoso bastante desagradable, olía a podrido y estaba rodeada por basurales. Obviamente no había peces, mucho menos cisnes de cuello negro o cualquier otro tipo de ave con un mínimo de respeto por su higiene personal. (Sí había algunas gaviotas picoteando la basura, pero bueno, las gaviotas son a prueba de casi cualquier tipo de contaminación de origen humano y posiblemente extraterrestre.)

—Haz lo tuyo, mi hermoso Cuernito —le dije a mi unicornio. Cuernito sumergió su cuerno en el arroyo, saltaron algunas chispas mágicas y... ¡de pronto el arroyo era pura cerveza! Pero Cuernito no se detuvo ahí, sino que convirtió los terrenos baldíos adyacentes en praderas y a la basura en flores y calabazas (estas últimas ya estaban talladas con caras macabras, dada la proximidad de la Noche de Brujas).

Entonces mi dragón se lanzó al arroyo y comenzó a chapotear de contento. Yo lo pensé un poco más, pero luego dije "¡al diablo!", me quité los zapatos y también salté al arroyo, así, sin esperar a conseguirme un traje de baño :-D Por un momento me preocupó que mi Donaldito le prendiera fuego al alcohol de la cerveza, pero después de tanto tiempo ya controla mejor sus llamas. Lo intentó con un chorro de cerveza a una distancia segura, sin embargo, y la verdad es que quedó espectacular. ¡Cerveza ardiente!

No tardaron en llegar más personas al arroyo, intrigadas por el cambio en el paisaje.

—¡Feliz Fiesta de la Cerveza! —exclamé yo—. ¡Salú! ¡Hic! —Sí, a estas alturas ya estaba un poco borrachina.

Los recién llegados profirieron exclamaciones de felicidad y también se lanzaron al arroyo. Yo largué entonces la advertencia de que mi dragón azotaría con su cola a cualquiera que tuviera la descortesía de orinar en la cerveza. (Es que la gente en mi ciudad es súper puerca, no te puedes fiar.) Luego mi dragón tuvo que rescatar de ahogarse a cada uno de ellos a medida que se iban emborrachando :-D

Finalmente aparecieron los dichosos cisnes de cuello negro, y también unos cuantos colibríes (las gaviotas no se habían ido en ningún momento, y unas cuantas ya habían caído al suelo en estado de ebriedad). La que se armó entonces, porque si los cisnes y los colibríes ya tienen mal carácter estando sobrios, imagínenselos borrachos. Los colibríes, en particular, comenzaron a pelearse como vaqueros en un saloon del Viejo Oeste, y un cisne de cuello negro especialmente malhumorado me dio un fuerte picotazo en la cabeza (claro que, con tanta cerveza a mi disposición, no tuve que molestarme en salir del arroyo para desinfectar mi herida).

Antes de que pregunten, no, no era antihigiénico beber cerveza de los chorros que salían de la nariz de mi dragón. Minutos antes él había arrojado fuego por ahí para matar a todos los microbios.

En medio de la fiesta apareció un inspector municipal que ¡trató de multarnos por "contaminar el arroyo"! ¡¿Qué qué qué?! ¡Imagínense el sermón que le echamos todos! ¿Cómo nos podía acusar de contaminar si a) el arroyo ya estaba contaminado de antes y b) el municipio ha estado en manos del mismo partido político durante ¡más de veinticinco años! sin que consiguieran resolver el problema? ¡Menudo descaro! Al final el inspector acabó por darnos la razón y se sumergió también en la cerveza :-D

De todas maneras, una vez acabada la fiesta, mi Cuernito devolvió al arroyo su condición natural, o mejor dicho, su condición ANTInatural de agua limpia (vamos, es que después de tantas décadas de contaminación, ya todo el mundo se había acostumbrado a que lo natural fuera la mugre). De paso, mi dragón se ofreció como voluntario para asegurarse de que nadie más lo vuelva a contaminar. (Tendrá que hacer inspecciones constantes porque, como puse arriba, la gente en mi ciudad es súper puerca y capaz de arroyar basura incluso en ambientes naturales inmaculados.)

Considerando todo, ¡fue una grandiosa y ecológica Oktoberfest! :-)

G. E.

PD: Después de ducharme en casa, he de decir que la cerveza me dejó el cabello súper brillante y sedoso :-D

PPD: Los colibríes borrachos pendencieros se reconciliaron apenas se les pasó la borrachera. El cisne de cuello negro, por otro lado, aún me mira con mala cara cada vez que paso por el arroyo. Antipático.

2 de octubre de 2016

SOBRE PARANOIAS ANTIMICROBIANAS

Últimamente los publicistas quieren que reaccionemos así:

¡Auxilio, un MICROBIO! ¡Tengo que poner a salvo a mi hijoooo! ¡Me voy ya mismito a comprar un desinfectante en aerosollll!

Antes de que lo pregunten, lo que aparece en el dibujo no es un frijol gigante. Es una levadura (aumentada millones de veces, obviamente, porque de lo contrario no se vería) de la especie Saccharomyces cerevisiae, preguntándose a qué viene tanto escándalo dado que ella sólo se dedica a convertir el jugo de uva en vino.

(Y por supuesto, en las propagandas casi siempre son las madres las que se ocupan de desinfectar, porque al parecer los publicistas todavía no han comprendido que deben dejar de hacer propagandas machistas.)

Pero hay tres hechos que los fabricantes de desinfectantes (muy convenientemente para ellos) olvidan mencionar:

1) Muy pocos microorganismos atraviesan la piel intacta.
2) Para algo tenemos un sistema inmunitario.
3) Las especies de microorganismos que causan la mayoría de las enfermedades infecciosas (= patógenos) SON RELATIVAMENTE MUY POCAS.

Esto último es importante. Resulta que sí, técnicamente hay muchas especies de microorganismos que pueden matarnos, ¡pero son muchas más las que no nos hacen nada, o las que incluso necesitamos para sobrevivir! (o para convertir el jugo de uva en vino y la leche en queso, lo cual me parece absolutamente esencial).

¿Recuerdan mi entrada sobre que el cuerpo de uno en realidad no es de uno? Sí, lo que puse ahí es verdad: algunas personas pueden llegar a tener más microorganismos en el cuerpo que células propias.

Además, según los estudios científicos más recientes, resulta que, al parecer, tener la flora microbiana correcta puede protegernos de otras infecciones, alergias (al moderar nuestras respuestas inmunitarias), ciertas enfermedades intestinales crónicas e incluso ¡la obesidad! ¿Pueden creer que un "transplante de caca" de ratones delgados a ratones obesos consigue que los ratones obesos dejen de estar obesos por la sustitución de sus microorganismos? ¡Pues es verdad! ¡Y ahora los científicos están averiguando cómo aplicar esto a las personas!

Hay varios tipos de microorganismos:

VIRUS — Son algo así como unos paquetes proteicos con ADN o ARN. Necesitan parasitar células a fin de multiplicarse. NO SON SENSIBLES A LOS ANTIBIÓTICOS. (En serio, gente. Dejen de automedicarse con antibióticos cada vez que pillan un resfriado o una gripe simple. Es súper mega dañino. Los antibióticos sólo deben tomarse cuando los receta un médico que sabe lo que hace.) Algunas especies pueden resistir en el ambiente, pero en general las infecciones se contraen a través de otro ser vivo (un ser de la misma especie o un vector como los mosquitos). Hay virus que son específicos de una sola especie, mientras que otros pueden infectar a varias especies distintas.

BACTERIAS — Son organismos más complejos, y no necesariamente viven en otros seres vivos. Muchos habitan en la tierra o el agua sin causar daño a nadie. Otros habitan en nuestros cuerpos y son la llamada flora bacteriana. Las infecciones por bacterias patógenas sí se combaten con antibióticos, pero hay que tener cuidado porque no se puede usar cualquier antibiótico con cualquier bacteria, y algunas bacterias se han vuelto resistentes a los antibióticos que solían matarlas. Las bacterias pueden infectar a diferentes especies con bastante facilidad, de ahí que podamos pillarlas de otros animales (o ellos de nosotros). Las bacterias patógenas pueden pillarse también del ambiente, ya sea como bacterias o esporas (las esporas son formas de resistencia que pueden durar años y no son fáciles de eliminar con desinfectantes).

HONGOS — También pueden ser inofensivos o patógenos. Generan esporas. Las infecciones por hongos se combaten con antifúngicos.

PROTOZOOS — Los protozoos son considerados parásitos, y generan enfermedades como el mal de Chagas o la toxoplasmosis. Estas infecciones son difíciles de combatir, pero a veces el organismo consigue que los protozoos se enquisten y no anden por el cuerpo haciendo estragos.

Hay otros tipos de microorganismos que pueden resultar patógenos, pero la mayoría de los que causan problemas pertenecen a los cuatro grupos arriba mencionados. Si quieren más información, consulten un libro de microbiología, que para algo están :-D

En fin, para que un microorganismo nos enferme hace falta que se cumplan determinadas condiciones. No sólo se trata de que el microorganismo esté o no en el ambiente. Tiene que estar en el ambiente, atravesar nuestras defensas primarias (la piel o los revestimientos de los órganos), entrar en cantidades suficientes como para vencer nuestras defensas secundarias (el sistema inmunitario) y ser lo bastante agresivo como para reproducirse y causarnos daño. Entonces puede pasar lo siguiente:

A) El cuerpo sigue combatiendo la infección, la vence y nos curamos.
B) El cuerpo no consigue vencer la infección pero vamos al hospital, aparece un médico y nos da un tratamiento para ayudar a eliminarla.
C) El cuerpo no consigue vencer la infección, vamos al hospital, aparece un médico y nos da un tratamiento de soporte para mantenernos vivos hasta que el cuerpo termina de matar la infección.
D) El microorganismo era tan letal o resistente que consigue matarnos. Ups, mala suerte.

¿Saben qué es lo que pasa la mayor parte de las veces que nos topamos con un microorganismo patógeno? Que ni siquiera llegamos al punto A. El cuerpo humano está hecho para ser bombardeado constantemente por invasores microscópicos de todo tipo. Si sucumbiéramos tan fácilmente a los microorganismos, nuestra especie se habría extinguido ya en el Paleolítico. Encima, algunos científicos encontraron la manera de hacer vacunas, las cuales nos vienen protegiendo hace rato de infecciones que solían causar verdaderas plagas con miles de muertos apilados en fosas comunes (un asco, la verdad).

Supongo que a estas alturas se estarán preguntando a qué viene todo esto. No, no estoy diciendo que dejemos de desinfectar. Estoy diciendo que ¡es hora de tener una aproximación RACIONAL a los diferentes microorganismos! ¿Y saben por qué? ¡Porque, según los estudios científicos, al parecer nos está haciendo mucho daño no tener en el cuerpo los microorganismos que tenemos que ir adquiriendo ya desde la infancia!

Pero ¿cómo hacer para dejar que nos colonicen los microorganismos "buenos" y, al mismo tiempo, mantener a raya las infecciones por microorganismos "malos"? Bueno, eso es lo que los científicos están tratando de averiguar. Pero mientras que no inventen una píldora o algo con las dosis correctas de cada microorganismo, tendremos que recurrir a algunos métodos naturales de la época preindustrial :-D

CÓMO EVITAR LOS MICROORGANISMOS PATÓGENOS

Antes que nada, VACUNAS. No hagan caso de esos estúpidos grupos antivacunas; parecen olvidar que las personas morían como moscas antes de que se aplicaran masivamente (y eso podría volver a ocurrir si dejáramos de utilizarlas). Así erradicamos la viruela, por cierto.

Segundo, ¡lávense las manos antes de tocarse los ojos, la boca o la comida! Casi ningún microorganismo resiste un buen lavado de manos. Y ni siquiera hace falta un jabón antibacterial (de hecho, parece que los jabones antibacteriales con triclosán son dañinos). Y no se preocupen porque el jabón esté "sucio". Aunque el jabón estuviera contaminado con patógenos, todos ellos se irían por el efecto de arrastre (no bromeo, alguien se molestó en hacer el experimento sembrando bacterias en un jabón; después del lavado, no las encontraron en las manos de quienes lo usaron).

Se habla mucho de desinfectar aquí, acá y acullá, pero ¿saben qué? Antes de preocuparnos por eso ¡tenemos que preocuparnos por los patógenos que puedan pegarnos OTRAS PERSONAS! No hablo de la flora normal que se pasan dos personas al besarse. Hablo de enfermedades como el sida, la sífilis, la hepatitis C, la gripe y cualquier cosa que se transmita de una persona a otra a través de un bicho, como el dengue, el zika y la malaria. O sea, usen condón, maten a los mosquitos Aedes aegypti y tengan la gentileza de estornudar en la cara interna del codo para no contagiar los virus respiratorios a todo el mundo en el autobús. Gracias. (Añadiría lo de no compartir agujas al drogarse, pero ahí más bien diría que no se droguen y ya. Es malo para la salud.)

La gente cree que desinfectar el baño es lo más importante, pero en realidad LA COCINA es una mayor fuente potencial de microorganismos patógenos. Esto es porque los patógenos pueden contaminar nuestra comida, y de este modo entrarían directamente a nuestros cuerpos. Es posible desinfectar las verduras poniéndolas en agua con hipoclorito de sodio (ver las instrucciones en el envase), y ningún microorganismo o parásito sobreviven a una cocción correcta. Recuerden siempre estas tres cosas:

1) Evitar que los microorganismos de los alimentos crudos entren en contacto con los alimentos ya cocidos (esto se llama contaminación cruzada).
2) Evitar romper la cadena de frío. O sea, no dejar a la intemperie por mucho tiempo los alimentos que deban estar refrigerados, a menos que vayan a cocinarse enseguida. Si tienen que descongelar un alimento (ya sea para cocinarlo o comerlo crudo), pásenlo del congelador al refrigerador o métanlo al microondas. Una temperatura de 4º Celsius frena la proliferación bacteriana. EL CONGELADO NO MATA A LOS MICROORGANISMOS PATÓGENOS.
3) Refrigerar los alimentos lo antes posible cuando uno vaya a cocinar comida para varios días. Esto evita que cualquier patógeno residual se multiplique a niveles peligrosos durante el tiempo que la comida permanece caliente.

Los alimentos que se consuman crudos deben tener SIEMPRE algún tipo de inspección sanitaria. En caso de duda, cocinen todo. Lo mismo se vale para las conservas caseras.

En cuanto a los animales, la gente se cuida mucho de evitar a las ratas (dado que pueden contagiar unas cuantas enfermedades), pero yo añadiría que también eviten a las palomas (pueden contagiar criptococosis a los ancianos) y a los reptiles. Bueno, los reptiles son de sangre fría y no comparten la mayoría de nuestras enfermedades, pero sus bocas son focos sépticos... y algunas tortugas MUERDEN. Las mascotas tradicionales (gatos, perros, conejos) son seguras siempre y cuando estén vacunadas y desparasitadas. Esto es importante: LOS NIÑOS NO DEBEN ESTAR EN CONTACTO CON EL EXCREMENTO DE PERROS SIN DESPARASITAR. Los perros tienen algunos parásitos cuyas larvas atraviesan la piel, infectan a los niños y van migrando por varios órganos, con el daño consecuente (sí, es repugnante; hasta lo pusieron en un episodio del dr. House, donde un niño dibujaba líneas onduladas porque tenía larvas migratorias en los ojos).

En cuanto a la higiene de las casas, aparte de desinfectar los pisos es importante evitar los hongos y mohos en las paredes. Como dije arriba, largan esporas que pueden causar o complicar las enfermedades respiratorias.

CÓMO ADQUIRIR LOS MICROORGANISMOS "BUENOS"

Vale, esto ya es un poco más complicado, pero por lo que vengo entendiendo hasta ahora, la cosa sería más o menos así: los niños deben estar expuestos lo antes posible a la mayor variedad posible de microorganismos no patógenos, tal como ocurriría en la naturaleza. Y eso sólo puede pasar... en la naturaleza.

O sea, al parecer fue buena cosa que mis padres y los de mis amigas nos dejaran jugar todo el día en los parques y chapotear en aquella charca llena de renacuajos :-D

Esto es lo que nos dicen las estadísticas: los niños criados en el campo, los que se crían con animales y/o los que tienen un contacto físico estrecho con otros niños y con los adultos tienen menos alergias y menos probabilidades de padecer leucemia en el futuro, lo cual podría estar relacionado a la colonización por los dichosos microorganismos "buenos". Yo podría añadir que, de hecho, las cerdas jóvenes se "autovacunan" contra la parvovirosis simplemente por estar en contacto con las heces de cerdas viejas, y que los pollitos que estuvieron en contacto con sus madres tienen menos probabilidades de sufrir coccidiosis (una infección intestinal que suele matarlos), a diferencia de los pollitos que nacieron en una incubadora industrial. Esto es porque los microorganismos "buenos" ocupan receptores en el revestimiento intestinal, evitando la colonización por patógenos (el patógeno no sólo debe llegar al intestino, sino que también debe fijarse y multiplicarse).

Así es como funcionan los probióticos: uno los consume, los microorganismos vivos en ellos colonizan el intestino, y entonces es más difícil que nos ataquen las bacterias intestinales patógenas. Lo mismo se vale para la flora bacteriana en otros lugares del cuerpo, como la vagina.

Ah, pero no basta con meternos microorganismos "buenos" en las tripas, ¡también hay que darles de comer! Por lo que se viene averiguando hasta ahora, los microorganismos "buenos" necesitan un aporte constante de fibra vegetal (= verduras y frutas enteras). Ellos la fermentan para vivir, y algunos productos de esa fermentación se absorben en el intestino y son beneficiosos para nuestro organismo. Por otro lado, parece ser que el consumo constante de comida chatarra desfavorece a la flora intestinal beneficiosa y fomenta la proliferación de una flora intestinal dañina. ¡Menudo problema de proporciones microbianas!

Y aquí viene la última advertencia. ¿Recuerdan lo que puse arriba en cuanto no automedicarse con antibióticos? Pues bien, los antibióticos pueden matar a todos esos microorganismos beneficiosos y dejar espacio para que entren los perjudiciales. De ahí que sea tan delicada la cuestión de tomar antibióticos, sobre todo en los niños. De hecho, yo misma estuve muy grave de niña porque me destruyeron la flora intestinal con antibióticos. Tuvieron que reponérmela para evitar que muriera por una diarrea interminable. Bueno, no recuerdo nada de esto porque era muy chiquita, pero mi madre me lo repite cada vez que sale el tema :-P

En fin, espero que este artículo les resulte informativo y útil. En cuanto a mí, ahora que sé todas estas cosas, la verdad es que siento más respeto por mis propios microorganismos. O, como mínimo, trataré de mantener en buena forma esta relación simbiótica que venimos llevando sin tropiezos hasta ahora.

Éste es el trato, lactobacilo: yo te alimento con fibra soluble y tú me proteges contra la salmonelosis, ¿está claro? Bien. Así vamos a andar de maravilla.

(De nuevo, es el dibujo de un microorganismo aumentado millones de veces, no una salchicha. Aclaro por las dudas.)

G. E.
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